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jueves, 23 de febrero de 2012

El Carnaval de la City en Panamá

Fotos y texto: Cristóbal Chen

Limpio pero contento. Ese es el dilema de muchos panameños que disfrutaron de cuatro dìas de carnaval, borracheras, mojaderas y desorden.
El Carnaval de la City como denominó el gobierno a la fiesta del rey momo realizado en la Cinta Costera a orillas del pacífico, me pareció algo similar al Festival del Merengue que se realiza en Santo Domingo, República Domicana.
Había tarimas con orquestas musicales para todos los gustos, pero con artistas del patio, nada de extranjeros como en el pasado.
La Cinta Costera una obra que le ha cambiado la cara a la ciudad de Panamá, en mi opinión es el sitio predilecto para efectuar el canaval denominado la "fiesta de la carne", porque la verdad que sobra con lindas chicas en shorts calientes y bailes sensuales.
La comparsas aunque fueron pocas, no faltaron con sus toques tradicionales de tumbas y timbales y que decir de los carros alegóricos al mejor estilo del interior de la república.
Este carnaval no tuvo que enviadiarle a las fiestas que se realizan simultáneamente en otras provincias del país, ya que la entrada era gratuita y solo había que tener un par de dólares para las pintas (cervezas).

domingo, 5 de febrero de 2012

La historia de Yepe, un congo que sufrió el desprecio

Fotos y texto de Cristóbal Chen

Yepe, un muchacho de tez morena que reside en Portobelo, en la provincia panameña de Colón, decidió aprovechar la víspera de los carnavales para hacer unos reales.

Con un atuendo de congo de la costa atlántica, Yepe le pide dinero a todo conductor que transite por la carretera hacia la costa arriba de Colón.

El hombre posee grandes habilidades para el baile de los congos, una tradición en la región que pratican los afroantillanos de la región.

Un buen día por el lugar transitaba una joven mujer que viajaba para ir a Isla Grande, un paradisiáco lugar que visitan miles de turistas en el verano para disfrutar del mar y de comidas afrodisiácas como arroz con coco y guandú, langosta y pescado frito.

Fue entonces cuando Yepe decidió subirse al automóvil de la bella chica para acompañarla a la playa del sector, las cuales son de aguas tranquilas y de color turquesa.
El morenito pensó que se había sacado la lotería con tan buena compañía y hasta un par de chistes compartió con la mujer de rostro blando, ojos chocolates claros y cabellos rubios.

Pero no todo fue color de rosa para Yepe cuando llegaron al poblado costero de la Guaira, ya que parecía que la chica solo quería compañia en el viaje.

La mujer ignoraba al moerenito cuando le hablaba y hasta un poco grocera se portó con él.

Ante esta indiferencia, Yepe decidió regresar a su tierra natal de Portobelo, pero el grande problema era que no tenía para el pasaje.

Fue entonces cuando decidió utilizar su talento en el baile congo para ganarse unos reales para el pasaje.

Al regresar a su casa y contarle la historia a sus familiares y amigos, Yepe decía, "perro que no se conoce, no se le pisa el rabo".

viernes, 3 de febrero de 2012

Silvia, una mujer indígena de gran corazón

Por Cristóbal Chen

Silvia, una indígena de la etnia ngobe buglé bajo de las montañas de Cerro Colorado para participar en las protestas de San Félix. No sabía leer, pero entre sus paisanos había escuchado que había que defender la reserva de la explotación minera. Fueron muchos los kilómetros que tuvo que recorrer a pie para llegar a ese poblado chiricano con el fin de participar en las manifestaciones, tras el llamado del cacique general. 
Con poco de dinero,sólo tres dolares, tenía que ver que iba hacer para alimentarse. Resulta ser que un plato de comida en la región costaba más de tres dólares, así que le tocó pedir limosmas a un grupo de camioneros centroamericanos que se encontraban en el lugar.
Pidió tanta lismonia a todo el que se encontraba en su camino que logró recolectar la suma de 15 dólares que le serviría para alimentarse por un par de días.
Y es que en San Felix no conocía a nadie, sólo a una vieja amiga que decidió darle albergue temporal en una pequeña casa de madera en una de las laderas del sector.
Lo peor de todo, es que la protestas contra la minerìa se extendieron por más de una semana y hasta enfrentamientos se registraron en el famoso cruce de San Feliz, un lugar clave para las manifestaciones.
Al final, el diálogo imperó entre las autoridades y los dirigentes indìgenas para poner fin a las reclamaciones de los aborígenes.
Entonces, fue cuando Silvia decidió regresar a Cerro Colorado con la idea del deber cumplido, pero sin dinero y con mucha hambre.
"Me voy pa la comarca porque allá tengo mis siembros para comer", exclamó la indígena, de cabello negro y baja estatura, pero de un gran corazón.
Entre tanto problemas, la razón y la cordura prevaleció en beneficio de este grupo indígena panameño.